En los talleres de Montblanc de Le Locle y Villeret en los Alpes suizos, los maestros relojeros construyen los complejos mecanismos que conforman el corazón. Para que cada reloj sea una obra perfecta, se dedica mucho tiempo a su innovadora y complicada estructura, así como a los exquisitos adornos. Desde que se coloca la primera espiral y hasta que cada uno de estos relojes sale del taller, se emplean más de 300 horas en crear una pieza de excepcional armonía. Cuando las manecillas giran por primera vez, comienza el largo viaje.